
Al superar 2.500 metros, intenta no aumentar más de 300 a 500 metros de altitud de pernocta por día y agrega un día extra de descanso cada mil metros. Este ritmo, aunque parezca lento, mejora la tolerancia nocturna y reduce dolores de cabeza matinales persistentes.

Una siesta breve, entre veinte y treinta minutos, temprano en la tarde, repone sin robar sueño nocturno. Evita dormir al atardecer. Si notas mucha somnolencia, revisa hidratación y alimento. A mayor altitud, pequeñas pausas conscientes sostienen mejor que largas siestas improvisadas y desordenadas.

Camina más lento de lo habitual, prioriza respiración nasal y conversa sin jadear para medir la intensidad. Deja los esfuerzos máximos para cuando duermas más abajo o ya estés adaptado. Este control protege tus reservas, alivia la noche y mantiene el entusiasmo intacto para el siguiente tramo.